La telemedicina llega para quedarse impulsada por el COVID-19

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La Telemedicina, definida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “la prestación de servicios de salud (en los que la distancia es un factor determinante) por parte de profesionales sanitarios a través de la utilización de tecnologías de la información y la comunicación (TICs) para el intercambio de información válida para el diagnóstico, el tratamiento, la prevención de enfermedades, la investigación y la evaluación y para la formación continuada de profesionales sanitarios, todo ello con el objetivo final de mejorar la salud de la población y de las comunidades”.
El progreso en las tecnologías de la información y las comunicaciones aplicadas a la salud ha sido fundamental, todo ello junto con el uso generalizado de internet en los hogares y el incremento de las capacidades de los teléfonos móviles y otros dispositivos, que han propiciado el desarrollo de la actual Telemedicina.
La telemedicina se presenta por tanto como instrumento clave para hacer una sanidad más sostenible y mejorar la salud de las personas: ahorro de costes y mayor eficiencia a nivel asistencial, además de suponer una importante mejora de la prestación sanitaria en regiones consideradas inaccesibles o de difícil acceso a la asistencia sanitaria.
La pandemia producida por el coronavirus y el colapso de los centros sanitarios han dificultado el acceso presencial a la medicina y relegado otros problemas de salud, que en muchos casos no han podido contar con un seguimiento o tratamiento adecuado, alargando las listas de espera.
Así, el COVID-19 ha puesto el foco en la necesidad de apostar por la telemedicina, un modelo que en España se ha introducido poco en la sanidad pública, reduciéndose a proyectos o casos aislados, mientras que la iniciativa privada y las aseguradoras han apostado algo más por este servicio. Los expertos lo tienen claro: queda mucho camino por recorrer pero la telemedicina ha llegado para quedarse.

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