Big Data, Covid-19 y derechos humanos

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La ciencia de datos puede ser un arma eficaz contra la pandemia, sin embargo, no debe violarse ni la privacidad, ni los derechos humanos.

En la contingencia sanitaria provocada por el COVID-19, la ciencia de datos podría ayudar a contener la tasa de contagios a través de la lectura del comportamiento de los usuarios de las tecnologías móviles. Así, a través de sus dispositivos, podrían trazarse mapas de dónde estuvieron, durante cuánto tiempo, con cuántas personas, y hacia dónde se movieron y por qué vías.
Si se cruzara con datos sobre la epidemia o incluso, el historial clínico de un conjunto de la población, los datos podrían ayudar a modelar un mapa de contagios, de la rapidez con que se propaga la enfermedad, pero no sólo eso. Se podrían calcular las posibilidades de que una región se infectara y tomar las medidas para evitarlo.
Podría hacerse, sin embargo, existe un problema que también es grave. Se trata de la privacidad de los usuarios y del acceso a información personal y datos sensibles. Los mapas y modelos podrían ser muy exactos, pero no se tiene acceso a ello.
En primer lugar, se tendrían que monitorear a personas en específico y tener acceso a historial clínico, grupos sanguíneos, direcciones y más datos confidenciales, además de los datos de movilidad de sus equipos. Todo ello, atentando contra los principios de confidencialidad y uso de datos personales.
Existen diferentes versiones sobre cómo China pudo auxiliarse del big data para contener, limitar y prácticamente desaparecer los brotes epidémicos en su territorio. Por ejemplo, el gobierno chino en colaboración con Alipay y WeChat, dos de las aplicaciones más populares en la región, crearon una serie de códigos de color (verde, amarillo y rojo) que les permitían a los ciudadanos moverse dentro de la ciudad o incluso entrar y salir de ella. A las autoridades, les permitía monitorear a los enfermos y los casos sospechosos y conceder o negar permisos de movilidad , todo ello como una clara contraposición  a los derechos humanos, haciendo que el Estado vigile de forma profunda a cada uno de sus ciudadanos so pretexto de controlar una epidemia.
La respuesta en Europa es el programa llamado Rastreo de Proximidad Paneuropeo con Preservación de Privacidad (PEPP-PT, por sus siglas en inglés) (https://www.pepp-pt.org/), que recopilará datos sólo de voluntarios a través de Bluetooth y conservando el anonimato, con el fin de modelar la movilidad de las personas y las posibilidades de contagio.
Por su parte, Google ha liberado sus informes de movilidad (https://www.google.com/covid19/mobility/), que muestran los datos de muestras de diferentes poblaciones y la forma en la que están desplazando de manera genérica.

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