Las “Smart Cities”: cuando nuestra ciudad lo sepa todo de nostros

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¿Te imaginas ir andando por la calle y que cada uno de tus movimientos sea detectado por sensores que emitan información a tiempo real acerca de hacia dónde diriges tus pasos? Pues este hecho puede que, desde hace ya algún tiempo, se haya convertido en una realidad.

El crecimiento demográfico de las ciudades aumenta de una forma vertiginosa. Esta afirmación es secundada, año tras año, por diferentes Organizaciones cómo el Banco Mundial o la Organización de Naciones Unidas, entre otras. Estos organismos manejan unas cifras de crecimiento, aproximadas, que van desde los 751 millones en 1950 hasta los 4200 en el año 2018. Cifras que, lejos de detenerse, van camino de aumentar hasta los 7700 millones de personas en 2020 y 9.500 millones en 2050.
Con estas cifras sobre la mesa, a nadie le extrañará si afirmamos que un aumento tan notorio de la población urbana tiene una repercusión directa en la contaminación, el consumo energético y, por ende, en el cambio climático. En consecuencia, uno de los grandes retos a los que se enfrentan los gobiernos de los diferentes países del mundo, en la actualidad, es lograr mantener la armonía espacial, social y ambiental de las urbes buscando, entre otros propósitos, la sostenibilidad, competitividad, calidad y eficiencia de las mismas.
Esto solo se puede conseguir a  través de diversas iniciativas, que parten de las tecnologías de la información y las comunicaciones cómo base, y que tienen por fin conseguir una mayor optimización de los recursos existentes. Es en este contexto, donde se desarrolla el proyecto de ciudades inteligentes o Smart cities.
Si hay algo en lo que coinciden los numerosos expertos que han investigado y analizado este nuevo concepto de ciudad, es en que no hay una definición global consensuada de lo que significa una ciudad inteligente, sino que dependerá de quién analice dicho término y en qué aspectos centre su estudio. Asimismo, las ciudades inteligentes también podrán ser definidas de maneras distintas si atendemos al nivel de desarrollo y recursos de sus residentes. Este hecho implicaría que, indudablemente, el concepto de Smart City no tendrá la misma connotación en Europa que, por ejemplo, en algunas ciudades asiáticas menos desarrolladas.
No obstante, podemos considerarlas cómo aquel tipo de ciudades que apuestan por mejorar la vida de sus habitantes a través de la implantación de sistemas eficientes que, en su mayoría, se basan en información recolectada, a tiempo real, de los ciudadanos a través de sensores distribuidos por los distintos puntos de la ciudad.Conociendo los «problemas» a tiempo real, podremos aplicar soluciones más eficientes.

En lo que sí coinciden los expertos en la materia es en los objetivos principales que persiguen las ciudades inteligentes:

  • Conseguir una mayor calidad de vida para los ciudadanos.
  • Optimizar los recursos existentes para generar ahorro a ciudadanos, empresas y administraciones públicas.
  • Alcanzar una gestión eficiente de todas las áreas de una ciudad: servicios, transportes, educación, sanidad, infraestructuras…etc.
  • Tener un plan estratégico marcado que establezca los propósitos concretos que se quieren alcanzar a lo largo del proyecto de conversión de la ciudad a un modelo de Smart City.
  • Capital humano. Pieza clave para el correcto funcionamiento de las ciudades inteligentes. Los ciudadanos han de contribuir activamente en el uso y fomento de estas alternativas. Para ello será esencial ofrecer información e informar a los ciudadanos a este respecto.
  • Que exista un compromiso real con el medio ambiente.
  • Llevar a cabo una integración tecnológica de sus infraestructuras lo que permitirá controlar los sistemas eléctricos, los índices de contaminación y la gestión de residuos, entre otros.
  • Disponer de equipos de gobernanza motivados, profesionales y abiertos, que se impliquen en el proyecto, que colaboren activamente con los ciudadanos a través de todos los canales (incluidas las rrss) y que sean transparentes en el uso de los datos obtenidos.
  • Contar con una tecnología lo suficientemente avanzada que permita una correcta gestión de la ciudad.
    En virtud de lo anteriormente expuesto, parece claro que los beneficios y ventajas que ofrecen las ciudades inteligentes no son pocos. De entre todas ellas, podemos destacar las siguientes:
  • Suponen un ahorro de tiempo para el ciudadano pudiéndole devolver hasta un total de 100 horas, por ejemplo, en desplazamientos de todo un año. Todo ello a través de una red de transportes que, gracias a la conexión a internet de coches, autobuses y trenes, se consigue un transporte mucho más eficiente adaptando el mismo a las necesidades de los usuarios en tiempo real.
  • Se crea un nuevo concepto de seguridad siendo, la misma, un elemento clave en el desarrollo de las Smart cities. ¿Cómo? Haciendo uso de la información obtenida para la lucha contra la delincuencia, los incendios, así como contra otro tipo de desastres.
  • Obtendremos una mayor eficiencia energética como consecuencia del conocimiento de los datos de consumo a tiempo real. Así, con su previsión anticipada, se podrá podremos obtener una efectiva gestión de los recursos a través de sistemas de ahorro energético, alumbrado, distribución del agua…etc.
  • Creación de entornos más eficientes y saludables pues se podrá llevar a cabo una mejor organización de los espacios urbanos adecuándolos a las necesidades reales de la población, creando, en consecuencia, nuevas oportunidades de negocio, espacios más eficientes y respetuosos con el medio ambiente…etc.
    Una de las partes negativas es la  capacidad que tengan las organizaciones de compartir y analizar la gran cantidad de datos generadas por las nuevas tecnologías será una de las claves de la construcción exitosa de una ciudad inteligente. Y es algo lógico, porque si nos paramos a pensar, ¿cómo se van a desarrollar las aplicaciones y soluciones de software necesarias para construir las capacidades «inteligentes» de una ciudad y su infraestructura si no se cuenta con información vital en tiempo real que revele las necesidades de la sociedad.

 

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