Las ciudades inteligentes mejoran la salud de los ciudadanos

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El objetivo de las ciudades inteligentes es la mejora de las infraestructuras urbanas y la reducción al mínimo del coste de su mantenimiento, así como fomentar la innovación en diferentes industrias y mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

¿Pueden las ciudades inteligentes mejorar nuestra salud? Pues según publica Forbes en un artículo, sí. La recogida y almacenamiento de datos han hecho posible observar en tiempo real el funcionamiento de los sistemas complejos de ingeniería en diferentes industrias, y medir así los niveles de agua contaminada por plomo o la intoxicación alimentaria, identificar aguas estancadas y los posibles mosquitos infectados por el virus Zika.

Los teléfonos móviles, por su parte, capturan cómo los seres humanos se mueven alrededor de la ciudad y ofrecen pistas sobre cómo se extienden las enfermedades que amenazan la vida humana.

A través de este ecosistema de alta tecnología, la infraestructura de la ciudad puede proporcionar los conocimientos y la información que necesita para proteger el bienestar de sus ciudadanos.

Las ciudades inteligentes ofrecen la movilidad como un servicio que integra diferentes modos de transporte (como el transporte público, la posibilidad de compartir coche, bicicletas públicas) a través de un sistema de pago universal de acceso a través de una aplicación en su teléfono celular, reduciendo los costes de mantenimiento de un vehículo privado y de la contaminación en masa que su uso conlleva.

La tecnología innovadora detrás de una Smart City

El combustible que hace del funcionamiento inteligente de la ciudad un sistema eficiente son los datos, generados por los individuos que viven en ella, así como las infraestructuras físicas. Para hacer que los datos sean de utilidad se requiere de una estructura integrada por sistemas informáticos, redes y sensores que monitoricen los datos, así como de una participación activa de los ciudadanos, autoridades de la ciudad, de la buena gestión del gobierno y de la infraestructura de suministro y de servicios y empresas locales, cuyo trabajo conjunto harán de la ciudad inteligente un éxito.

Es un gran reto cuyos beneficios son de largo alcance. Las tecnologías empleadas en las ciudades inteligentes juegan un papel significativo en la reducción de los costes asociados al envenenamiento por contaminación, la difusión de enfermedades ligadas a una alimentación insana. Pero para llegar allí, una serie de cuestiones deben abordarse como incentivar a las personas a formar parte de esta recopilación de datos y de los retos asociados con la privacidad y la seguridad.

Estos retos han dado lugar a oportunidades de negocio que están empezando a tomar forma. Hoy en día se están explorando mecanismos para aprovechar los datos recogidos, a través de algoritmos predictivos, que identifican y pronostican los comportamientos humanos y modelos prescriptivos para facilitar los cambios de comportamiento.

Cuanto más nos acercamos a la creación de ciudades inteligentes, más descubrimos que las posibilidades son infinitas, y tendrá un impacto directo en la salud individual y bienestar, en formas que hoy sólo podemos imaginar.

 

 

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