Las prioridades tecnológicas de Europa: grafeno, robótica e internet de las cosas

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España participa en las iniciativas más pioneras en todos los ámbitos de interés

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 EL GRAFENO. Punto clave del futuro tecnológico, la UE pone empeño estratégico en el grafeno, que aún es una promesa, un metamaterial aislado por primera vez en 2004. En un gran expositor en la Plaza del Comercio se reunieron 13 proyectos (muy teóricos aún). Dominaba la Universidad de Manchester, donde se hizo el primer hallazgo. Y allí estaba el español Instituto de Ciencias Fotónicas.

El grafeno es un material que permitirá «crear chips y pantallas flexibles, sensores, circuitos electrónicos de alto rendimiento, bombillas, membranas para filtrar agua o como refuerzo de extrema dureza en aleaciones metálicas». Y en la actualidad, ¿se usa ya para algo? «Sí, sí», responde el interlocutor, «se utiliza para reforzar polímeros y dotarlos de gran dureza».

EL CEREBRO. El proyecto Cerebro Humano, dotado con 1.000 millones de euros, intenta reproducir de manera virtual el sistema de conexiones neuronales. En octubre, los representantes de la iniciativa anunciaron que han logrado simular en un ordenador una parte del neocortex. El proyecto CEEDS, con las universidades Pompeu Fabra y Politécnica de Cataluña, se propone utilizar la habilidad natural humana para detectar patrones y procesar información. Lo usará en el análisis de cantidades masivas de datos. Trata de identificar bioseñales y comportamientos no verbales en las respuestas ante cantidades masivas de información, sumergiendo al sujeto en «espacios de realidad sintética».

El casco de control cerebral Nautilus de G-Tec es como un gorro de nadador, plagado de sensores y cables para detectar actividad cerebral. En el expositor demostraban cómo manejar dispositivos con el pensamiento. Por su parte, el proyecto cortiQ generará un «mapa funcional personalizado del cortex cerebral, con alto grado de detalle» para fines médicos.

LA ROBÓTICA. Alter Ego quiere utilizar robots, o avatares virtuales, para tratar problemas mentales como esquizofrenia, autismo o fobia social, basándose en la Teoría de la Similitud, que defiende que es más fácil interactuar con algo o alguien que se nos parece en la forma, conducta o manera de moverse.

Una idea no muy lejana anima a Emote, el «robot empático», a interactuar con niños poco motivados en el estudio y despertar su interés. Otro tipo de autómata es Frog (Fun Robotic Outdor Guide, en inglés, «rana»). Participa la Universidad Pablo Olavide, de Sevilla, y es un guía turístico. Es un artefacto con ruedas, de un metro de altura, color verde y ‘ojos’ saltones, que utiliza técnicas de Realidad Aumentada. Mientras que el robot cognitivo del proyecto Monarch (donde está la Universidad Carlos III) pretende ser asistente en hospitales, aunque lo mismo intenta conversar con un enfermo que participar en una representación teatral.

LA EDUCACIÓN. Es muy llamativo el proyecto JxL (con la Universidad Rey Juan Carlos). Los alumnos, por equipos, crean un vídeo sobre una determinada materia, propuesta y orientada por el profesor. Lo publican y es sometido a revisión «entre pares» por sus compañeros. Aprenden todos.

Otra idea, con liderazgo español de Inmark y presencia de la UPM y Grupo Zed es el proyecto «Nadie se queda atrás», basado en aprender programación con videojuegos utilizando el sistema Pocket Code.

INTERNET DE LAS COSAS. Por supuesto, la UE quiere proyectos para el Internet de las Cosas. Sunrise propone llevarla bajo las aguas, con un sistema de comunicación entre dispositivos basado en módems que trabajan con señales acústicas. Mientras que la iniciativa Ojos de las Cosas, liderada por la Universidad de Castilla La Mancha, quiere dotar de sensores y cámaras a toda clase de sistemas. Plantea cámaras de poca resolución (500×500 píxeles) e ínfimo tamaño y consumo que, con Bluetooth, pueden ser los «ojos» en tiempo real en cualquier dispositivo.

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