El desafío de hacer más fácil la vida urbana

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Ciudad inteligente.La nueva visión en la planificación modificó las prioridades de la agenda pública. Se potencian el transporte, el cuidado ambiental, la innovación y la integración social. Por qué el snobismo tecnológico pude desarrollar una “ciudad tonta”.

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Escaleras mewcánics urbanas para comunicación de barrios marginales con la ciudad (Medellín)

El modelo del country-auto-autopista-shopping, de expansión territorial y largos desplazamientos, que deslumbró a la clase media y media alta latinoamericana desde los años ‘90, quedó antiguo. Ya probó su ineficiencia. Es costoso, antiecológico, produce congestión de tráfico y poco competitivo. El nuevo desafío de la “ciudad inteligente” es gestionar la densidad, realizar menos desplazamientos, reducir la infraestructura para autos y convivir con la diversidad social. Una ciudad pensada y planificada, sobre todo, para reducir las emisiones de dióxido de carbono y cuidar la Tierra.

“Si no hay un proyecto colectivo de ciudad, el mercado, con su fuerza y ambición, te lleva al modelo extensivo en el que la gente tarda dos horas en ir y en volver a su casa. Más le das al auto, más acapara. Es un círculo ad-infinitum que conduce al colpaso. Las ciudades que triunfan en el mundo son las que se planifican con un pacto democrático y un proyecto estratégico”.

Lo dice el ex alcalde Jordi Heréu, uno de los transformadores de Barcelona en “ciudad inteligente”, que gobernó entre 2006 y 2011, y se convirtió en faro de innovación de otras metrópolis del mundo. Buenos Aires, por ejemplo, le debe algunas ideas “inteligentes”. El servicio público de alquiler de bicicletas o el “distrito tecnológico”, que Barcelona desarrolló a partir de un barrio industrial y transformó en un distrito tecnológico con 4500 empresas ya instaladas, como Buenos Aires también desarrolla el suyo en Parque Patricios: ya cuenta con 200 empresas que generan una actividad económica en un espacio antes vacío de contenido.

También la idea de revalorar la “dimensión barrial”en Buenos Aires, con interconectividad de transporte público, comercio, salud y cultura y espacios público fue inspirada en Barcelona, que generó “muchos centros” dentro de la ciudad, con gente moviéndose en cortas distancias, y que todas las cosas por hacer estén a la mano.

“El futuro de la ciudad inteligente es que la gente se vaya mezclando. Por eso es importante dar calidad urbana a todos, para que ningún barrio se sienta “el patito feo”. El “ghetto” es el fracaso. Al inicio en Barcelona había muchas carencias y pocos recursos. ¿Se hicieron grandes cosas? No. Se hizo “acupuntura urbana”. Pequeñas intervenciones en diferentes barrios para que todo el mundo entendiera de qué iba el nuevo proyecto de ciudad, aunque sólo acabaramos de inaugurar una placita muy pequeña”, dice Heréu en entrevista con Clarín.

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“Ciudad inteligente” es una decantación que sintetizó varios conceptos: “creativas”, “innovadoras”, “sustentables”. Omar Quiroga, responsable de la Secretaría de Transferencia de Gestión de Tecnologías de la Facultad de Ciencias Económicas (FCE-UBA) recuerda que el primero fue “Ciudad digital”, a fines de los ‘90.

“Con la globalización la ciudad empezó a perder densidad, dejó bolsones de pobres y ricos. Hoy no hay ciudad inteligente si no tiene integración social. La ciudad es un lugar de encuentro. Si la separamos entre los que más y menos tienen, es una ciudad desintegrada”, afirma, y quizá el mejor ejemplo de lo que dice sea Medellín, Colombia, que integró a los sectores más humildes de sus laderas, que no tenían acceso a la ciudad, con un metrocable y seis escaleras mecánicas que la unen al subte.

Quiroga es director del “Centro de Ciudades Inteligentes” que estudia la planificación estratégica de las ciudades y desarrolla proyectos, en asociación entre las facultades de Ciencias Económicas, Ingeniería y Arquitectura y Urbanismo (UBA), y junto a Lisandro Lanzón (ver arriba) organizó el primer congreso “Smart City” de la Argentina, en septiembre pasado.
El congreso dio cuenta de los trabajos en los municipios en favor de la eficiencia energética, la sustentabilidad ambiental, la movilidad o de las aplicaciones para celulares. Son intervenciones tecnológicas pensadas para hacer el día a día un poco más fácil, o menos complejo.

El municipio de Mercedes, provincia de Buenos Aires, sensorizó la ciudad el año pasado para conocer sus datos ambientales, pero el mayor desafío fue colocar tres grupos de sensores en el río Luján a fin de detectar su altura minuto a minuto, con datos que llegan a los celulares de los ciudadanos a través de la aplicación “Mercedes digital” o desde el portal de Datos Abiertos del municipio.

La información no es ociosa.

En la última inundación de agosto los sensores avisaron con una antelación de tres horas que el río desbordaría, porque ya superaba su nivel de 1 metro y 60 centímetros. Fue un tiempo valioso para organizar los planes de evacuación. “No se necesitan millones. Cada sensor no vale más de cien pesos, pero hay que tener un equipo calificado, con técnicos y programadores, para mantenerlos en funcionamiento y que se pueda dar el alerta a Defensa Civil”, dice Maximiliano Chisnerman, Subsecretario de Modernización del municipio.

En 2013, Junín encaró un “censo ambiental” para analizar el nivel de contaminación que se produce en toda la superficie del partido con el uso de combustibles, el gas natural y la energía eléctrica, la basura, la producción ganadera y la aplicación de fertilizantes en agricultura, todos factores que generan gas “efecto invernadero” y el consecuente impacto en el cambio climático. Todos los factores, sumados por rubro de emisión le permitieron al municipio saber cuánto dióxido de carbono emitió y cuánto logró absorber a través de árboles y lagunas. Fue una experiencia única. La primera de un municipio en la Argentina.

“Con la “huella de carbono” logramos una fotografía ambiental. Saber dónde estamos parados cuando hablamos de contaminación. El balance fue positivo porque ese año Junín absorbió más “gas invernadero” de lo que emite. Pero a partir de allí decidimos cambiar las luminarias del alumbrado público, a través de la reconversión a LED, que fue como si hubiéramos plantado 25 mil árboles. En el futuro, comenzaremos a dar beneficios impositivos a edificios que tengan sus “techos verdes” (con plantas o jardines) y requerir a empresas que se instalen en el partido que compensen su emisión de “gas invernadero” plantando árboles”, explica a Clarín el ingeniero Oscar Palma, secretario de Planificación urbana y ambiental de Junín.

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La instalación de la agenda medioambiental implica el ahorro energético como parte de una política pública. El municipio de San Lorenzo, en Santa Fe, está construyendo la primera planta de energía solar en la provincia con una generación de 1MW. “Tendrá capacidad de inyectar al sistema de interconectado eléctrico una cantidad de energía para abastecer a un promedio de mil hogares”, dice Leonardo Raumundo, intendente del municipio, que ya cuenta con “paseos sustentables” en la costa del Paraná con paneles fotovoltaicos que producen electricidad por radiación solar.

Uno de los riesgos en la innovación en las “ciudades inteligentes” es que no produzca soluciones y la innovación se convierta en un “snobismo” o un plan de marketing. Las aplicaciones tecnológicas, por ejemplo, para ser útiles, deben responder a una necesidad social. El municipio de La Plata creó un sistema de estacionamiento para un área de 5000 espacios, que se pueden ocupar con el envío de la patente del auto en un mensaje de texto. “El software fue realizado por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) -dice Alejandra Sturzenegger, secretaria de Modernización del municipio-, y si bien generó desconfianza al inicio, resultó efectivo también para dar información de tránsito o alertas meteorológicas”.
El municipio de Tigre está testeando el uso de buses eléctricos para la zona del puerto fluvial. “Los fines de semana la visitan 150.000 turistas. El proyecto es para facilitar la movilidad y evitar la congestión de autos”, indica Walter Cipolla, subsecretario de Innovación Tecnológica. Otra de las tareas del área fue la descentralización de la atención para licencias de conducir en cuatro postas fuera de la sede municipal, y el uso del mensaje de texto que avisa al conductor la fecha de vencimiento, su turno para la renovación y el pago online, si tiene infracciones.

En la misma línea, Chascomús se convirtió en un laboratorio piloto de la FCE, la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y ocho pymes tecnológicas para la creación de una Tarjeta Ciudadana inteligente, con un módulo de acción social que registra la historia clínica del usuario, u obtener la trazabilidad de un expediente, al que adhieren un chip, para que puede ser rastreado por el interesado desde el portal del municipio para conocer su estado. Esta experiencia de “gobierno con datos abiertos” busca ser replicada a escala en otras ciudades.

El ingeniero Gustavo Ortolá, que trabajó desarrollos inmobiliarios en Tigre, Rosario y Córdoba, cree que “ya es inevitable que los aspectos urbanísticos y arquitectónicos se trabajen al mismo nivel que los sociales, culturales o medioambientales. Una ciudad no puede entenderse como la suma de elementos aislados”.

Los usos mixtos, la calidad del transporte público y la integración son principios básicos para las “ciudades inteligentes”. “El único camino es la mezcla de segmentos sociales diferentes. Sé que no es fácil.”, afirma el ex alcalde de Barcelona Jordi Héreu, y agrega: “El roce hace el cariño”

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